El asunto arrancó con una moneda de un peso. Había salido de comprar de una panadería. Miro el vuelto y había una moneda de un peso con la imagen del Glaciar Perito Moreno. Es una de esas monedas del bicentenario. Decidí guardarla. 3 horas más tarde me llaman por teléfono y me dicen “preparate que nos vamos para Calafate”. Ahí nomás puse la moneda en mi documento, ésta tiene que ir y venir conmigo todo el viaje. Preparé la mochila y a la madrugada me fui.
A grandes rasgos, las estepas extensas, animales que huelen a desierto y muchos solo huelen a muerte, el tiempo de la impunidad que da la soledad, soledad como vacio de ecos, de voces, el monumento a Facón Grande, Rio Gallegos y el gallego Soto, el paisanaje y la estancia tumba “la anita”, tumbas qua aún siguen encontrándose en esas estancias de propietarios explotadores, haciendo patria económica, la única que conocen.
Por ahí vi a León Gieco, su voz y sus imágenes de lucha setentistas. Gauchos y cantores de protestas. Pero todo me llevaba a aquellos años de la década del 30. Hice preguntas y encontré respuestas, lindo saber, lindo escuchar voces y sentir locales. Que no hay olvido, que esos estancieros son mirados de reojo, con rechazos.


