viernes, 26 de febrero de 2010

Se verá (segunda parte)

-¿che, sabes que tengo un fantasma? Me dijo chuy.


-Bueno, lo miro de reojo y no hay que hacer frente a eso, contame como es, le dije.

-Ah, es como un emergente, algo que sale y ahí está. A veces… a veces tambalea sobre mis ojos, los tengo ahí y no se pianta, (uh, esté se va, se va, pensé)  gira y gira sobre una plataforma abstracta porque pareciera estar bien parado. ¿bien parado? no tiene sentido. Ahí me advierte sobre los pesados aleatorios infinitos del espacio haciendo gala y referencia de sus dotes. Algunas veces solo se presenta y me pregunta su pienso quedarme atrás. Otras solo dice algunas boludeces como “estamos clavados en tablones erguidos sobre tierra húmeda mohosa que muere en plena evolución, gratifica tus años que luego sufrirás” ja, vos sabes ahí me acuerdo en los dientes que se me están cayendo, me deja esa imagen en la mente y me está cagando la vida con eso, ahora que lo pienso la próxima lo mando al carajo. Tengo un papel escrito sabes, porque eso sí me gustó y entonces lo anoté luego que me lo dijera, escuchá: “Igual las consecuencias son en miles de regiones, que la congelación del hielo pesimista rebalsa en abundancia. No le des la espalda al espectro, esto debes recordarlo manejándolo a tu gusto. Él será feliz. No escuchar. Gritos. Brillo y gustar. De los colores prometidos observar los grandes saltos. Vender sangre no está mal, no almacenes rencor, no culpes a la madre ni al padre, hazlo con el santo” Es muy bonito, ¿no? Suena como un consejo para que controle la porquería nuestra, esa que vos también buscar por ahí. Porque yo lo sé. Pero quedate tranquilo. Vos no sos igual. Por eso estoy a la par tuya entendes, y sin ver ni esperar que metas la mano en tus bolsillos.

- ¿Vos decis?

Despues de todo este año solo me quedó algo irrefutable. Estar divididos es la ley de la razón. ¿Declaro la guerra? ¿No dejé ningún detalle allá atrás?

-che loco.

-¿Qué?

- ¿Ese de allá no es lea?

- No. A ver… Si creo que si, me respondió.

Chuy silbó la melodía cómo único código en la distancia que en la oscuridad de las calles funciona como única herramienta que nos puede comunicar. El código fue correspondido. Era lea.

-Tomando una birra. ¿Ustedes?

- En busca de una, le digo.

- Ah, “el viejo Jaime” está todavía. Queda más cerca. Tiene las persianas bajas, pero gol-peen que el viejo está ahí. Vayan que en un rato los sigo. Goar voy por más. ¿tenes algo?

- Sólo esto che. Ya es suficiente para mí. Esta de acá es una porquería. Igual no importa. El chicle ya fue. ¿Vas a las vías?


Hay detalles que uno pierde con el tiempo, recuerdos que se vuelven puras fantasmagor-ías y son tan efímeros como el común de los sucesos desechables y chatarras del resto de la vida. Salvo que esos hechos hayan sido algo significativos. Eso lo sabemos todos. Esta situación, que contaré mi buen lector, fue importante para mí y para algunos otros más. El mismo camino, ese que se transforma en rutina porque uno así lo desea, traería dife-rentes piedras que sortear esta vez.

En este ejercicio de recordar, de encender una memoria que reviva todo y cada uno de esos momentos, desde los gestos hasta las caras de mal humor, hace falta, para tal cosa, poner en juego una memoria esquiva, con filtros para viajar también hacía atrás en mo-mentos de vacas flacas y sólo para reír . Risas que vienen con el pasar del tiempo y son provocadas con unos pocos chispazos de reflexión. Usted sabe que los detalles que no se cuentan son para ahorrar tiempo y no aburrir en demasía. Aquí siguen algunos de esos tantos.

Mi vida, siempre y desde sus principios, tuvo la costumbre de comenzar nuevamente todo el tiempo. Una de esas veces, de menor importancia entre otras, fue un sábado a la noche. Después de compartir unas cervezas en la casa de patán y de haber mirado los partidos de fútbol que daban en la tele, decidimos organizarnos para ir a comprar lo mis-mo de siempre, de siempre porque se estaba haciendo costumbre, por no decir una adic-ción. Hay palabras que atemorizan más de la cuenta. Comprar para tener un típico al-muerzo al estilo del desnudo. Dependiendo de la plata que se juntaba era una cosa o la otra. Era bolsa o papeles. El papel cuesta menos. El sábado estaba muy agradable. Era tentador y el viento cálido invitaba a estos placeres. La casa de mi amigo estaba enfrente de un campo y rodeada de una atmósfera privada silenciosa, era un verdadero refugio, refugio al que luego de los mandados íbamos a volver. Salvo para los vampiros que te rastrean olfateando la ebullición de tu sangre, para el resto el lugar no existía. El “aguantadero”, así lo llaman los viejos de uno, estaba, más o menos, a 20 cuadras de la casa. Como queríamos hacer movimientos rápidos y evitar cruzarnos con algunos colegas, no fuimos a pie. Sacó del garaje el Taunus de color gris oscuro que pertenecía a su viejo y sobre ruedas nos pusimos en marcha. El lugar quedaba frente a unas vías a mitad de la cuadra. Casi una atmosfera romántica con unos monstruos de mala muerte alrededor. Lugar oscuro, la luna un poco tapada por nubes, calle de tierra, veredas rotas y arboles sin hojas que entenebrecían más el asunto. El boliche estaba escondido como todos esos lugares con todas sus características de los barrios pobres, rodeado de casas humildes, muchos perros sueltos, jardines detrás de alambrados oxidados y cosas así. Antes de llegar, en el camino, paramos en un almacén y compramos algunas cosas para bajar. Para bajar se necesita un poco de alcohol o un faso, de lo contrario podes quedarte mirando el techo hasta las cuatro de la tarde del día siguiente. No queríamos complicaciones, era un sábado tranquilo para encerrarnos, tomar unos vinos y estar sin personajes que se persigan o se pongan violentos. Muchos cuando están colocados son incontrolables y demasiados charlatanes, ni que hablar de aquellos que solo quieren vaciarte los bolsillos y luego pirar. Con las reservas aseguradas y dentro del auto seguimos viaje. A media cuadra del lugar, en el bendito sucucho donde terminan los fieles, patán detuvo el coche, justo en la esquina, a cincuenta metros de la famosa ventana. Me bajo y le digo que me espere ahí. Cuando encaro para ese lugar veo unas figuras que se cruzan y desaparecen en un segundo. ¡A la mierda! Me detuve. Pensé. Es raro… muy raro lo que acabo de ver, ese tipo de cosas nunca pasan… pero recuerdo que alguna vez vi a uno sentado en la vereda pinchándose ¿Será alguno de esos? Sí, seguro es unos de esos. Dudé en seguir pero como estaba a unos pocos metros, y sobre todas las cosas y la razón mas significativa era la realidad de estar cebado, seguí caminado hacia el lugar. Busco y miro por todas direcciones, no veo a nadie. Me acerco a la ventana y pienso pedir un par de papeles de 10. Ya saben… los papelitos eran esos glacé brillantes que se usan mucho en la escuela primeria para manualidades o dibujos. Casi lo único que recuerdo de la primaria, es que nunca tuve buenos maestros para extrañar. Alguna que otra maestra condescendiente, alguna que nos veía como futuros obreros sin mayores posibilidades de seguir estudiando, la muy turra era una darwinista social o algo parecido. Otra que me llevó de la oreja hacia dirección por comer un helado y el resto no muy distintas. Dentro de esos papelitos bien doblados esta siempre la verdad del consumidor que poco a poco se transformaba en producto. Ya estaba parado justo al frente de la oscuridad. Era una persiana plástica con un agujero en el medio. Lo único que se puede ver al fondo de la ventana, oscuridad de noche. No sabía nunca con quien estaba tratando, pero me gustaba pensar que pactaba un rato con el diablo, que había una pequeña relación amistosa entre compinches, tonto pero me gustaba esa idea. Una voz, una voz opaca y seca por resumirlo de alguna manera, pregunta ¿cuánto queres? En ese instante me viene la imagen de aquellas sombras que había visto desaparecer rápidamen-te. El instinto de la inseguridad enciende las alarmas. Me recorre por el cuerpo un pálpito de incertidumbre, de desconfianza y ya estaba sospechando a esa altura más de la cuenta. Hago silencio… y al final respondo “Dame 4 de diez.” Al segundo, al instante y como un rayo, porque para eso si son rápidos, sale un policía de un costado y me pone la 45 en la cabeza mientras gritaba como un loco “¡quedate quieto!” “¡quedate quieto!”

lunes, 22 de febrero de 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

Sobre la Serenísima y sus amenazas de consumo

¡Harto y cansado de las amenazas de La Serenísima y el necesario consumo de sus putos productos, a no ser que quieras sufrir muchos males corporales e incluso la muerte!


Tenés una amenaza para cada etapa de la vida…

En un principio o desde el principio tenés el deber, por amor a tu hijo, (si, ellos te recuerdan tus obligaciones, te marcan tus sentimientos) de darle el fino producto Danonino para que crezcan como deben, para ser funcionales y no padecer en el futuro marginación por ser un ineficiente físico y mental. Porque de Danonino depende su intelectualidad, su altura, músculos fuertes. Si no, te espera todo lo contrario: ser un pobre infeliz que no tendrá capacidades de ningún tipo. Y cuando logres ese desarrollo y te espere la vida, esa cotidianeidad y roce con el mundo externo, no te quedará otra que Actimel. Con millones de casei defensis que ellos descubrieron (serán como umpa lumpas en tamaño microscópico, vaya a saber uno…). Encima ya tienen sus verdades. Una vez dicha la verdad vos deberías ya tener todos esos productos en tu heladera. Ojo al piojo, no te duermas. Tomá, no te olvides, allá afuera te espera un mundo de pura contaminación, virus por doquier, suciedad, contacto humano desagradable y más mugre… hacete parte del equipo Actimel, hacete parte del equipo ganador que ya son más de 10 millones. ¿Cómo harán los que no tienen un peso para vivir para comprar Actimel? ¿No deberían estar vacíos los hospitales? Sigamos… La vida diaria no es simple, el estrés, la inseguridad, el trabajo, la comida (no la de ellos, por supuesto) te produce algunos males, pero para eso tenés ¡Vidacol! que te ayuda a controlar el colesterol, ¡ese mal que trae problemas cardiovasculares, infarto y hasta la muerte! Por eso, si querés estar seguro, tomá uno y ¡cantá como Palito que tenés el corazón contento!

Para terminar y como si fuera poco, de alguna manera tenés que evacuar todas esas porquerías y brebajes que La Serenísima orgullosa te hizo tomar. Y para eso te da, por ser una empresa sumamente generosa con sus consumidores, el bien y ponderado Activia. Para que te saques la mugre y porquería que te hincha, eso inmundo que llevas dentro (porque sos una persona rellena de inmundicias) y, tras cartón, te hace ver gorda (gordura que jamás te quitó su Yogur Ser), tomá Activia y chau…

¡Puta que los parió y al carajo con todas sus mierdas de crear conciencias cada vez mas podridras e imbéciles!